Los trabajos de Freire y Jiménez-Pernett1 sobre las barreras de la coordinación asistencial en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y de Herrera et al.2 sobre la coordinación entre la asistencia sanitaria y la salud pública aportan una visión complementaria de un reto clave de los sistemas sanitarios actuales. En este contexto, resulta oportuno incorporar al debate un ámbito habitualmente ausente: los centros de vacunación internacional (CVI), que incluyen los servicios de sanidad exterior.
Los CVI realizan evaluación especializada del viajero, vacunación internacional, prevención de enfermedades importadas y respuesta frente a riesgos sanitarios asociados a la movilidad internacional. Su actividad contribuye a la protección de la salud individual y a la prevención de riesgos para la salud pública3.
La atención creciente a viajeros con enfermedades crónicas, inmunodepresión o necesidades especiales de inmunización4 exige integrar información clínica, tratamientos y calendarios vacunales entre distintos niveles asistenciales. Los CVI dependen funcionalmente de sanidad exterior5, pero necesitan coordinarse continuamente con estructuras del SNS fuera de su ámbito organizativo. La ausencia de acceso a la historia clínica y a los registros de vacunación dificulta la continuidad asistencial y limita la toma de decisiones clínicas seguras. Asimismo, las limitaciones para la prescripción financiada generan circuitos adicionales que incrementan la carga burocrática para los pacientes y para el SNS, en especial para la atención primaria.
En algunos territorios se han desarrollado acuerdos de colaboración entre los CVI y los servicios de salud autonómicos, dando lugar a variabilidad territorial en el acceso a determinadas vacunas, a prescripción financiada o a los circuitos asistenciales. Precisamente por depender de una estructura administrativa distinta del SNS, resulta necesario avanzar hacia una coordinación asistencial más efectiva y unos mecanismos homogéneos de colaboración.
Los CVI atienden alertas sanitarias en los puntos de entrada internacionales y realizan inspecciones sanitarias, situándose como dispositivos donde confluyen la atención sanitaria, la salud pública, la salud global y la respuesta frente a riesgos internacionales. Articulan la respuesta con múltiples actores sanitarios, de salud pública y agentes locales, pero sin compartir plenamente herramientas de información, recursos ni programas formativos con el resto de la red asistencial y de salud pública local.
En un contexto de creciente movilidad internacional y amenazas emergentes para la salud pública6, avanzar hacia una atención integrada requiere incorporar a los CVI al debate sobre la coordinación asistencial y sobre la articulación entre asistencia sanitaria y salud pública. La interoperabilidad de los sistemas de información, el acceso a la información clínica y a los registros de vacunación, junto con mecanismos estables de coordinación entre los CVI y el SNS, o integración funcional como en otros países de renta alta5, independientemente de su adscripción administrativa, contribuirían a mejorar la seguridad del paciente, la eficiencia del sistema y la capacidad de respuesta preventiva, y a reducir la variabilidad territorial.
Incorporar estos dispositivos al debate sobre la coordinación asistencial permite ampliar la visión de un sistema sanitario cada vez más interdependiente y avanzar hacia modelos de atención más integrados, capaces de responder a los desafíos derivados de la movilidad internacional y de las amenazas emergentes para la salud.
Contribuciones de autoríaB.A Bonilla-Escobar es la única autora de la carta.
FinanciaciónNinguna.
Conflictos de interesesLa autora trabaja en un centro de vacunación internacional. No existen conflictos económicos ni de otra naturaleza relacionados con el contenido de esta carta.









