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Cultura y salud: es hora de actuar. ¿Pero cómo?

Culture and health: time to act. But how?
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Noemí Ávila Valdés
Departamento de Didáctica de las Lenguas, Artes y Educación Física, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España
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Resumen

El creciente reconocimiento del papel de la cultura en la salud pública y en la atención individual ha dado lugar, en los últimos años, a una convergencia de evidencia científica, iniciativas políticas y marcos institucionales. El reciente informe europeo Culture and Health: time to act sintetiza este proceso y refleja una voluntad explícita de integrar la participación cultural en las estrategias de salud, bienestar y cuidados. En este artículo se ofrece una lectura situada de dicho informe, contextualizándolo en una trayectoria histórica más amplia y en el entramado interdisciplinario e intersectorial que caracteriza al binomio cultura y salud. Se analizan las tensiones conceptuales y terminológicas existentes, el riesgo de instrumentalización de las prácticas artísticas y las desigualdades en el reconocimiento institucional de las distintas disciplinas implicadas, tanto en el ámbito comunitario como en los entornos asistenciales. También se revisa el momento actual, marcado por la acumulación de evidencia, el impulso de organismos internacionales y el desarrollo de políticas europeas y nacionales. Finalmente, el texto aborda los principales retos para avanzar desde el reconocimiento hacia la acción, subrayando la necesidad de sensibilización, formación interdisciplinaria, financiación sostenible y gobernanza intersectorial.

Palabras clave:
Cultura y salud
Salud pública
Atención sanitaria
Políticas públicas
Gobernanza intersectorial
Abstract

The growing recognition of the role of culture in public health and individual care has led, in recent years, to a convergence of scientific evidence, policy initiatives and institutional frameworks. The recent European report Culture and Health: time to act reflects this process and expresses a clear commitment to integrating cultural participation into health, wellbeing and care strategies. This manuscript offers a situated reading of the report, placing it within a broader historical trajectory and within the interdisciplinary and intersectoral landscape that characterizes the culture–health nexus. It examines existing conceptual and terminological tensions, the risk of instrumentalizing artistic practices, and inequalities in the institutional recognition of the disciplines involved, both in community settings and in healthcare contexts. The paper also reviews the current momentum, shaped by the accumulation of evidence, the engagement of international organizations and the development of European and national policies. Finally, it discusses the main challenges for moving from recognition to action, highlighting the need for awareness-raising, interdisciplinary training, sustainable funding and intersectoral governance.

Keywords:
Culture and health
Public health
Healthcare delivery
Public policy
Intersectoral governance
Full Text
Introducción

Cultura y Salud: es hora de actuar es el título del recién publicado informe europeo que reconoce el papel de la cultura en la salud pública1. Este documento sintetiza la evidencia acumulada en los últimos años y refleja una creciente voluntad política e institucional por integrar la cultura en las estrategias de salud y bienestar. También se hace eco del sentir social, recogido en el Eurobarómetro sobre participación cultural que revela que el 87% de los europeos creen que la participación cultural mejora el bienestar emocional y físico2.

Sin embargo, más allá de la relevancia de la publicación de un informe europeo en estos términos, es necesaria una mirada situada. Durante los últimos dos años, profesionales del ámbito de la cultura y la salud, representantes de los países de la Comisión Europea, han compartido saberes, experiencias e incertidumbres en el Open Method Coordination Group on Culture and Health. El resultado final del grupo se ha materializado en el informe citado1, pero tiene interés reflexionar sobre cómo se ha llegado hasta aquí.

Cultura y salud: un paisaje complejo

En primer lugar, conviene hacer un ejercicio crítico de la complejidad que se está manejando, entendiendo que se navega entre la interdisciplinariedad y la intersectorialidad. En las últimas cinco décadas, diversas disciplinas se han aproximado al paisaje que vincula cultura y salud. Algunas cuentan con una trayectoria consolidada y una nomenclatura definida, como las terapias creativas y la arteterapia; otras, en cambio, han ido ajustándose (arte y salud, arte para la salud o artes en salud). En esta complejidad, no se reconoce a todas las disciplinas en un mismo lugar y al mismo nivel. En los debates profesionales y expertos surgen discrepancias sobre dónde situar a las terapias artísticas. En Austria, por ejemplo, existe una legislación que reconoce la musicoterapia, mientras que en otros países no hay todavía un recorrido legislativo que ampare estas prácticas.

Por otro lado, navegar intersectorialmente significa comprender que la construcción mutua del conocimiento implica transferencia de términos. En este proceso surgen aristas e incluso incomodidades con ciertos términos, como por ejemplo «prescripción» (prescripción social, prescripción cultural), que no resultan cómodos en todos los contextos. Este debate despliega otras posibilidades para no convertir la incomodidad en obstáculo, revisando experiencias (Arts on Prescripción de Interreg Baltic Sea Region3), poniendo el foco en los procesos comunitarios o hablando de activos en salud.

Otra cuestión relevante es la reivindicación, por parte de los representantes de la cultura, de la consideración de las expresiones artísticas y culturales por sus propios valores intrínsecos, alertando de los peligros de la instrumentalización. El informe recoge en sus primeras páginas una afirmación categórica: las iniciativas de «cultura y salud» se basan en la idea de que la participación cultural es un comportamiento positivo para la salud, al igual que la participación en actividades físicas beneficiosas para la salud, el consumo de alimentos nutritivos o el contacto con la naturaleza4. Esta afirmación, sin duda un argumento contundente, desvela una preocupación en el sector de las artes sobre el uso del arte y la cultura como herramienta al servicio de otras políticas, planteando cuestiones como libertad de expresión, censura u homogeneización cultural.

Una historia actualizada del binomio cultura y salud

También tiene interés hacer un ejercicio de revisión y memoria para entender qué nos ha traído hasta aquí, desde un imaginario pasado hasta el momentum actual, convergente de evidencias, documentos, estrategias y marcos políticos. En 2019, la publicación del informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS)5 que revisó la evidencia sobre el impacto de las artes en la prevención, la promoción y el tratamiento de enfermedades a lo largo del ciclo vital se convirtió en un referente internacional y en el punto de partida de una historia reciente. No obstante, también hay una historia anterior. Daisy Fancourt, autora principal del informe e investigadora clave, hizo un recorrido del imaginario heredado que vincula el arte y la salud6, desde el uso de las artes en rituales de sanación y las primeras teorías de la medicina en el mundo antiguo, pasando por la Edad Media, cuando la práctica de la medicina pasó de los monasterios a las universidades, hasta la Ilustración, con explicaciones científicas racionales y el auge desde la psiquiatría para integrar las artes en la atención sanitaria.

Volviendo al momentum de consonancia actual, en el que se ensamblan evidencias científicas, estrategias y políticas, y como respuesta al informe de la OMS, el Parlamento Europeo aprobó la Acción Preparatoria Bottom-Up Policy Development for Culture & Well-being in the EU, que dio lugar al proyecto CultureForHealth. Esta acción, iniciada en 2021, facilitó el intercambio de conocimientos y buenas prácticas, y culminó con la publicación de un nuevo informe que propone recomendaciones políticas y mapea experiencias relevantes en Europa7. El eje «cultura y salud» fue incluido como prioridad en el Plan de Trabajo del Consejo para la Cultura 2023-2026, lo que permitió la creación del grupo de trabajo del Método Abierto de Coordinación8 encargado específicamente de este tema y responsable de la publicación del informe que aquí comentamos. En este contexto, la Comisión Europea reconoció, en el nuevo marco sobre salud mental9, que la participación cultural puede mejorar el bienestar y reducir el riesgo de trastornos, y de forma más específica hizo hincapié en la promoción y la protección de la salud mental de los jóvenes en la era digital10. Finalmente, junto con este paquete de acciones, en 2025 se lanzó la convocatoria específica en el marco del programa Horizon Europa.

De forma paralela, la OMS estableció en 2021 un Centro Colaborador en Artes y Salud junto al University College London, que ha generado más de 115 publicaciones científicas. La Oficina Regional de la OMS para Europa celebró en 2022 una conferencia sobre el papel de las artes en la prevención de enfermedades no transmisibles11. Y muy recientemente, en junio de 2025, la Asamblea Mundial aprobó la resolución WHA78.9 que insta a los Estados miembros a fortalecer la colaboración entre los sectores de cultura y salud, posicionando la conexión social como prioridad en la agenda global de salud pública12. También se dispone de un argumentario económico reciente, con un estudio que monetiza los beneficios de la cultura en la salud13.

En el contexto nacional, se podría pensar que estamos también en un momento propicio. El recién presentado Plan Nacional de Derechos Culturales del Ministerio de Cultura incorpora un eje específico sobre salud, innovación y bienestar14. Este plan propone integrar la cultura en espacios sociosanitarios y en estrategias de salud pública, reconociendo su capacidad para mejorar la calidad de vida, promover el bienestar emocional, contribuir a la salud mental y al envejecimiento activo, y reforzar la cohesión comunitaria. Las medidas incluyen campañas de sensibilización y una colaboración estrecha con el Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad. Por otro lado, un paso más concreto que legitima estas acciones es el recién anunciado acuerdo interministerial15 que sienta las bases de esta cooperación, poniendo el foco en la prescripción cultural y en una formación interdisciplinaria en artes y salud, cuyo texto final se espera en breve.

Es hora de actuar, ¿pero cómo?

En este último punto se aborda el ejercicio de sensibilización que impulse el actuar, sin perder la escala de estas acciones y siendo conscientes de las incertidumbres que puedan surgir en este actuar. El momentum en cultura y salud es ahora: una convergencia de evidencia acumulada y un entorno sociopolítico favorable que puede ser determinante para avanzar hacia un desarrollo real y efectivo. Sin embargo, este enfoque sigue siendo ajeno para los actores clave que deberían participar en su implementación16. Artistas, profesionales de los sectores salud y cultura, y responsables políticos carecen de una comprensión clara sobre la diversidad de formas y beneficios que emergen de esta intersección. Por ello, resulta imprescindible un ejercicio de sensibilización, que contemple el diseño de campañas informativas. En Australia se acaba de evaluar el impacto de la campaña Good Arts, Good Mental Health17, un ejemplo interesante de cómo este ensamblaje de evidencia científica y políticas pueden aliarse estratégicamente. El informe europeo propone acciones concretas: desde campañas nacionales, pasando por desarrollar una estrategia nacional, alentando emparejamientos institucionales salud-cultura o garantizando una financiación intersectorial sostenible.

En cualquier caso, se podría hacer una larga lista de los retos a enfrentar: falta de provisión de recursos económicos adecuados que garanticen una financiación intersectorial real, precariedad laboral endémica de los profesionales en el sector cultural, enfoque predominantemente curativo o reparto de competencias a las comunidades autónomas en materia de sanidad. Desde el ámbito de la universidad, preocupa especialmente la formación de profesionales, con dificultades para que los planes de estudio permeen. Existen experiencias de base, con artistas con formación práctica e investigadora incorporados en equipos y centros de salud comunitaria18. Aun así, el diálogo interdisciplinario para generar planes de estudio continúa siendo utópico. Se sigue formando en parcelas estancas, desde el arte con sus artistas y desde la salud con sus sanitarios. Como ha señalado Miquel Porta, «la naturaleza no tiene la culpa de los planes de estudio y de los proyectos de investigación de escuelas y universidades»19. Moverse en este paisaje complejo de la cultura y la salud es un ejercicio arriesgado, no exento de incertidumbres, pero también existen certezas, y estamos en este tiempo idóneo de las certezas para actuar.

Editor responsable del artículo

Salvador Peiró.

Contribuciones de autoría

N. Ávila Valdés es la única autora del artículo.

Financiación

Ninguna.

Conflictos de intereses

Ninguno.

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Los imaginarios colectivos, la salud pública y la vida: para conversar desde las artes sobre nuestro bienestar en sociedad..
Los Libros de la Catarata, (2019),
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